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CAMPAMENTO DE VERANO PARA LOS NIÑOS DE ATIMA

Por Todd Wade


Mis reflexiones sobre el campamento de verano 


El programa piloto del campamento de verano pareció ser un éxito. Con un equipo de ayudantes muy capaces que se turnaba, logramos dar a los estudiantes del tercer al sexto grado una experiencia divertida y, con suerte, educativa.


Nuestros días empezaban a las 8:15 a.m. en el patio escolar con un grupo prestablecido de unos 35 a 40 estudiantes. Caminábamos por unos minutos hacia la plaza mayor y nos sentábamos en las gradas que conducían al escenario, en la plaza mayor. Por las 8:30 [a.m], empezábamos nuestra lección de inglés. Por medio de varias actividades, nosotros practicábamos las habilidades básicas del inglés hasta las 9:45 [a.m]. Nosotros hacíamos respuestas corales como grupo entero, práctica individualmente, práctica en grupos pequeños, actividades cenestésicas, y más.  Al terminar cada lección diaria, en adición a los 35 o más estudiantes elegidos, teníamos como una docena de adultos observando y muchas veces a unos 20 niños extra participando.  Durante esta sección del día, frecuentemente teníamos presentaciones especiales dadas por algunos oradores invitados. En dos de los tres días, Anne P, una especialista de gente con discapacidad auditiva, enseñó a los estudiantes cómo hacer el alfabeto a señas, mientras que nosotros les enseñábamos el abecedario en inglés. En nuestro último día, tuvimos un especialista en nutrición y salud, Jody G., quien hizo una divertida actividad cenestésica mientras les enseñaba acerca de nutrición apropiada.

La segunda parte del día estaba basada en entretenimiento y deportes.  Caminábamos hacia las canchas de fútbol. Empezábamos con enseñanzas de frisbi.  Después tratábamos de jugar fútbol, pero con frisbis.  Era caótico y divertido. Mientras esto pasaba, había competencias de salta cuerdas en el escenario detrás de la portería. Finalmente, dejábamos que ellos jugaran lo que realmente querían jugar…fútbol. Los dividimos en equipos y los dejamos jugar. Ellos habrían jugado por horas. Por las 11:30 [a.m] empezábamos el regreso a casa de la plaza. En el camino hacia casa, nosotros dábamos tiza para dibujar en la acera. Ellos eran libres de usarla como quisieran. Ellos escribieron conversaciones en inglés y dibujaron comida nutricional (después de la charla de Jody) y se divirtieron. En este punto, nos despedíamos y nos preparábamos para el próximo grupo de niños del día siguiente.


Traducción: Andres Negro, estudiante de la Universidad de Towson, Baltimore, MD


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